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Mochilando por Chile. Día 14: Ultimo día en Atacama. Geysers del Tatio y Museo Gustavo Le Paige

¡Buenas noches de Sábado, calderer@s!

Continuamos con nuestro relato viajero por tierras chilenas, al que le queda ya muy poquito pues en esta entrada contaremos nuestro último día en el desierto de Atacama, antes de la vuelta a Santiago.

Precisamente por ser nuestra última jornada decidimos aprovecharla al máximo, aunque eso significara estar a las 4 de la mañana de la helada noche del desierto, en la puerta del hostel esperando a que viniese a recogernos una furgoneta. Como esa noche ya no volveríamos a dormir allí teníamos que dejar el cuarto listo y las mochilas recogidas y entregar la llave a la recepción de hostel, aunque pudimos dejar nuestro equipaje en una bodega todo el día.

¿Y por qué teníamos que estar a las 4 am en la puerta del hostel?

Pues porque la excursión que teníamos planteada era precisamente la de ver amanecer en los geysers del Tatio, hora en la que este gigantesco campo de geysers tiene una mayor actividad. Se trata del 3er campo de geysers más grande del mundo aunque la altitud de su fumarolas no suele llegar a un metro de altura. (Aunque para eso ya vimos super geysers en Islandia). Pero si queremos hablar altura podemos comentar los 4320m. por encima del nivel del mar a los que se encuentra el Tatio, lo cual entre el madrugón y el cambio de altitud, hace que se sienta uno mareado durante una buena parte de la mañana.

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Amanece en el Tatio

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El nombre de Tatio significa en el dialecto atacameño “el abuelo que llora” y la historia que nos contó el guía decía que era por una montaña que tiene una silueta que parece el perfil de un hombre anciano.

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El abuelo que llora

Aunque al contrario que en otras excursiones, donde los guías se notaba que controlaban y sabía muy bien de lo que estaban hablando, en este caso el tipo de información que nos ofrecían dejaba bastante que desear. Más bien comentarios jocosos que información real. Pero realmente nos daba igual pues el entorno en el que estabamos era tan maravilloso que no nos hacia falta información que luego podíamos buscar.

Las fumarolas nos trajeron recuerdos de nuestro viaje a Islandia, fue como si mágicamente nos hubiéramos transportado de nuevo a Namafjall con ese olor azufre inconfundible, solo que todo el mundo al rededor hablaba español.

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fumarolas

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No hemos contado que por el camino viniendo hacia el Tatio, la camioneta que nos llevaba se recalentó dos veces, por la fuerte subida de la carretera. Fue muy entretenido, en la noche cerrada, en mitad del altiplano andino, y el chófer y el guía usando el agua del desayuno en enfriar la camioneta. Pero finalmente conseguimos llegar, porque el chófer (que era un crack) encontró una fuente que el conocía en un poblado abandonado donde consiguió agua suficiente para el resto del camino.

Sin embargo, no por esto nos quedamos sin desayuno. El guía nos lo preparó todo sobre unas rocas. Había mate de coca para aliviar el mareo de la altura, s y lo mejor de todo ¡¡¡HUEVOS COCIDOS!!!! Me encanta desayunar huevo, pero encima hacerlo rodeada de un paisaje como aquel es que me parecía ya casi surrealista. :)

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El Tatio

Aunque realmente desayunar no era tarea fácil, pues quitarse los grados a -15 grados  no era ninguna tontería. Alguno de los turistas que viajaban en nuestra misma furgo tomaron medidas para poder disfrutar de su desayuno sin perder los dedos.

Otro efecto inmediato a nuestro desayuno fue la llegada de varias gaviotas andinas, en busca de cualquier migaja que se nos pudiera caer a los humanos que allí estábamos comiendo también.

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En 2008 se intentó instalar en este área una planta geotermal que acabó en un accidente un año después cuando la estación explotó debido a un recalentamiento expulsando un chorro de vapor de más de 60 metros de altitud que tardó casi un mes en ser controlado. Desde entonces no parece que vayan a empezar ningún otro plan de explotar el Tatio.

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Restos de la planta geotérmica al fondo.

Conforme se abría la mañana llegaba el momento de la visita a la piscina termal del Tatio. No fue fácil decidirse a quitarnos la ropa a -15 grados de temperatura para meternos en el agua, pero…¿cuando íbamos a volver alguna vez a este lugar?

Además recordábamos el relax de las piscinas termales en Islandia, en las que disfrutabas aunque fuera hiciese muchísimos grados bajo cero, y finalmente nos animamos.

¡ERROR!

El agua NO ESTABA NADA CALIENTE!!!!!! No es que estuviese helada como en la laguna Cejar, pero tampoco estaba a 38º. Sólo en un rinconcito,  salía el agua realmente caliente pero se apelotonó la gente y a penas te llegaba un poquito de agua templada.

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piscina termal Tatio

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Lo más difícil fue volver a vestirse pues los cambiadores eran 3 pareces con una puerta de madera que dejaba pasar el aire, y el temblor incontrolable del cuerpo con el agua congelándose en la piel dificultó bastante el quitarse el bañador, quitarse el lodo de la piel y volverse a vestir.

La verdad es que luego se me quedó el cuerpo super relajado, pero también pasaba en Islandia, y luego no había que vestirse a temperatura ambiente! Demasiado frío para un alma andaluza. :P

Nuestro viaje de vuelta nos regaló algo con lo que no contábamos, varias visitas de distinta fauna andina y unas vistas del altiplano nevado que hasta el guía paro la furgoneta para hacer fotos porque nunca lo había visto tan bonito.

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Paja brava

chile-dia-14- chile-dia-14-Tuvimos la suerte de ver vicuñas, un zorro andino, las rarísimas viscachas o chinchillones, (especie de conejo gigante con cola larga) y algunas aves.

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viscachas

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zorro andino

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vicuñas

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Tantas cosas vistas y aún no eran si quiera las 10 de la mañana cuando emprendíamos el camino hacia la aldea de Machuca, nuestra parada de descanso antes de continuar hacia el fin de nuestro viaje.

Por el camino la carretera (sin asfaltar) nos regaló imágenes como estas:

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Altiplano chileno

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La aldea de Machuca se encuentra a unos 80km al norte de San Pedro de Atacama, situada todavía a 4000m. de altitud. Está prácticamente despoblada y sus escasos habitantes se dedican a la agricultura, al pastoreo y al turismo cuando llegan camionetas.

Las construcciones de adobe y los techados de paja son comunes a la escasa docena de casas que es el pueblo. Es un lugar peculiar, y en las pocas personas que nos cruzamos vimos en los ojos ese mirar de alguien que vive en un sitio remoto, para quien todo lo foráneo es un poco extravagante. Nos recomendaron no fotografiar a nadie sin pedir permiso antes, pues suelen molestarse.

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Machuca

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Iglesia de Machuca

La principal atracción del pueblo es su peculiar iglesia de paredes de adobe encaladas y techo de madera de cactus cubierta de paja.

Otra cosa que podemos hacer es probar la carne de llama que tiene un sabor fuerte, parecido al cordero, en unos anticuchos a la brasa. ¡A mi me pareció deliciosa!

Esta fue nuestra última parada antes de volver de regreso a San Pedro de Atacama.

Como casi no habíamos hecho turismo dentro del pueblo, pues sabíamos que nos sobraría tiempo el último día, decidimos visitar el Museo de Gustavo La Paige que la guía Lonely Planet recomendaba visitar “incluso si no te gustan los museos“.

Realmente nos pareció muy interesante, pero desde luego no es un sitio al que ir si no te gustan los museos pues la variedad de la exposición es bastante limitada. Aun así, esta vez no nos afectó este mal consejo de la guía, pues la verdad es que nosotros sí que somos bichos de museo.

Gustavo La Paige fue un sacerdote jesuita Belga que dedicó 25 años de su vida a la investigación del legado cultural acatameño. Si habéis leído “La Casa de los Espíritus” es uno de los personajes que aparece en el libro.

A la entrada del museo podemos encontrar una estatua del sacerdote arqueólogo y una artilugio la mar de curioso. Un solmáforo.

Era la primera vez que veíamos una cosa así. Se trata de un indicador de luz que avisa del riesgo de radiación ultravioleta en la zona. Cuando llegamos estaba en “riesgo extremo” y otras veces lo vimos en “peligroso” pero nunca por debajo de “alto”.

Esto es para que os hagáis una idea de cómo se sufren en otras latitudes los efectos del agujero en la capa de ozono, el cambio climático, y todas esas cosas, que según algunos se inventaron los ecologistas en los 80.

Una vez en el interior del museo empezamos el viaje a través del tiempo y a través de las distintas salas de este museo octogonal donde hasta hace poco podían contemplarse las momias de licanantai muy bien conservadas, pero que han sido retiradas por petición de las comunidades indígenas.

En el museo podemos encontrar principalmente cerámicas, y tejidos, además de una colección de artefactos que empleaban los chamanes en sus rituales. También hay una sala a parte que expone distintas piezas de oro.

A la salida del museo nos encontramos con una especie de homenaje al museo, que nos dejó totalmente anonadados. La gente emocionada hablaba sobre la importancia del museo en la conservación del legado atacameño y después realizaron este extraño baile. Una especie de cueca con extravagantes atuendos:

Tras este, para nosotros impactante espectáculo, (sobre todo teniendo en cuenta que le estaban bailando a una estatuilla de una virgen), nos fuimos de camino al hostel, donde teníamos nuestras mochilas. Preguntamos si podíamos cambiarnos (pues llevábamos ropa de abrigo de las 5 am en el Tatio, no para el sol de medio día del desierto) y ya de paso si podíamos usar la cocina. Amablemente nos dijeron que sí a todo. Nos sacaron las mochilas y estuvimos en el albergue hasta las 5 de la tarde, hora a la que habíamos quedado con el colectivo para que nos recogiera.

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Atardece sobre el Hostal Sonchek

Caía el sol sobre San Pedro de Atacama y aún nos quedaba un viaje en coche hasta Calama, un vuelo de 2000km y un buen rato de trayecto en colectivo hasta el hogar dulce hogar de nuestros queridos anfitriones, a los que en realidad ya teníamos ganas de volver a ver.

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¡Adiós Licancabur!

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Mochileando por Chile. Día 7: Centro cultural GAM y Las Condes

Una semana había pasado ya desde nuestra llegada a Santiago de Chile, y este iba a ser el último día que íbamos a pasar en la capital.

Utilizamos la mañana para hacer algunas compras (había perdido mis mitones en el autobús el día anterior y teníamos planeado viajar al norte donde iba a hacer más frío), así que nos pasamos por el mercado de artesanía de Santa Lucía. También hicimos una visita al CONAF del paseo Bulnes, con la intención de recabar información sobre la Reserva Natural Río Clarillo y el Monumento natural de El Morado que pensábamos visitar a la vuelta de nuestra escapada al norte, y que como ya leeréis, fue una completa pérdida de tiempo.

Preguntamos a dos señoritas muy señoreadas información sobre estos dos parajes y sobre el Cajón del Maipo en general y nos dijeron que ningún problema con las carreteras, que ningún problema para visitar las reservas, y lo único, que no se podía llegar a la laguna de El Morado por la nieve, y que había que quedarse en Aguas Panimávidas. Comprenderéis nuestra sorpresa cuando, con nuestro coche alquilado nos vimos conduciendo casi una hora por un carril de piedras en el que teníamos ¡hasta que cruzar ríos!

Pero eso, calderer@s, es otra historia que ya contaremos más adelante. En el día en que nos encontramos, vimos que debe haber una bonita vista del Palacio de la Moneda desde el Paseo Bulnes, aunque no pudimos disfrutarla por las ya mencionadas obras. De regreso a la Plaza de Armas nos encontramos por una de las calles peatonales del centro una pareja de chinchineros entreteniendo al público.

La figura del chinchinero es parte de la tradición cultural chilena. Estos hombres-orquesta llevan encima un bombo, unos platillos, un triangulo y chinchines, que hacen sonar por medio de una cuerda atada al zapato, o golpeando con unas varas, a la vez que realizan bailes acrobáticos.  Es muy entretenido de ver, y para que os hagais una idea aquí os dejo un vídeo que grabé en aquel momento:

Suelen ir acompañados de un organillero, y con un carrito que vende chucherías y juguetes para los niños.

Como a media mañana llegamos al GAM, el centro cultural Gabriela Mistral.

La entrada a este centro es gratuita, y también lo son muchas de las exposiciones y actividades. Aquí vimos la exposición fotográfica “Still Móvil 2013” imágenes que hablan desde el interior del pensamiento humano y representan todo tipo de sentimientos. Como todo en el arte, a cada uno nos gustaron imágenes diferentes. Algunas fotografías no nos dijeron mucho, y con otras conectamos de inmediato.

Una de las imágenes que me gustó mucho fue esta:

Ana Cecilia Chung – Manuel Vason

Me pareció que expresaba muy bien como a lo largo de nuestras vidas, nos vamos cargando de vivencias, recuerdos, experiencias, gente, momentos, sueños, deseos, desengaños, éxitos y fracasos, y de como cada una de esas cosas va dejando un residuo en nuestro alma que poco a poco se va convirtiendo en una carga, nos hace el espíritu más pesado, menos inocente, más cansado.

Quizá vosotros veáis la foto y penséis, “pues vaya caca”, pero ¡así es el arte! ¿no?

También vimos una exposición de greda tradicional quinchamalí. (También gratuita).

La utilización de este edificio como centro cultural es relativamente reciente.

En el pasado fue primero la sede de la Conferencia Mundial sobre Desarrollo y Comercio, y más tarde, durante la dictadura se convirtió en Sede del Gobierno.

En el exterior del edificio también se exponen obras de arte o creaciones, como estos ladrillos hechos de botellas rellenas de plástico reciclado o las fundas de crochét para bicis.

Por la tarde después de un descansito nos dirigimos a la municipalidad de Las Condes.

Es donde se concentran la mayoría de las grandes empresas en Santiago de Chile. Se podría decir que es el “barrio de los negocios”. Rascacielos altísimos, restaurantes más pijillos y un ambiente más “ejecutivo” hace que parezca que has dejado de estar en Sudamérica para estar de nuevo en cualquier capital Europea.

En este área esta el Costanera Center que cuenta con el edificio más alto de Sudamérica, una torre de cristal de 300m. de altitud en cuyo interior hay un centro comercial de ¡siete plantas!

Fue en esta zona donde encontramos las casas de cambio con mejor tipo. Así que si necesitáis convertir vuestros euros en pesos esta es la mejor zona para hacerlo.

En Las Condes también visitamos el centro artesanal Los Dominicos, junto a la iglesia de San Vicente Ferrer. Se trata de un mini-pueblo de artesanos muy de cara al turismo extranjero, pero que aún así merece la pena visitar ya que se pueden ver artesanos trabajando en sus talleres. También hay animales y un jardín de bonsais (que no encontramos).

Finalmente cae la noche y es hora de reencontrarnos con nuestros anfitriones para tomar una cevercita.

En la noche de hoy aprendimos algo muy importante: Qué es un FANSCHOP.

Pero antes de poder explicar esto, tendremos que explicar lo que es un schop. Es un término que se utiliza en Chile para referirse a la cerveza de barril servida en jarra. Normalmente era nuestra elección, pues suelen ser jarras grandes y bien de precio.

Sin embargo, aquella noche en aquel local en la carta no había schop, sino fanschop. Wow…qué será….pero por alguna razón a las chicas nos dió por pedir cervezas cabezonas, la Austral Calafate que ya os he presentado. Sin embargo los valientes chicos decidieron pedirla para probarla y ..¿qué es lo que les trajeron? ¡¡Medio litro de cerveza con FANTA DE NARANJA!!! Nooooooooooooooooooooooo…. Yo no quise ni probarla, pero por sus pobres caras se entendía que el experimento no había salido nada bien.

Así que… ¡ya sabeis! Si no os gusta la Fanta…¡no pidais un fanschop! :)

Chile día 3

Mochileando por Chile. Día 3: Plaza de Armas, La Moneda, Avenida O’Higgins

¡Buenas tardes calderer@s!

¿Os apetece seguir viajando por Chile?

Todavía no hemos salido de Santiago, pero en esta entrada empezamos a movernos un poco más por la ciudad.

Era nuestro primer Lunes en la ciudad, momento perfecto para hacer nuestros deberes de turistas recién llegados. Lease: cambiar dinero, recargar la tarjeta Bip!, comprar una tarjeta telefónica para poder contactar con nuestros anfitriones, hacer una copia de la llave, etc, etc.

Pero a pesar de tener que hacer todo esto, hubo tiempo de hacer algunas visitas.

Para cambiar moneda nos dirigimos hasta la Plaza de Armas, donde hay una oficina de cambio que nos parecía ofrecía un buen ratio. Luego aprendimos que en el barrio de Las Condes, al haber más concentración de casas de cambio, el tipo que ofrecen es mejor. De hecho la segunda vez que cambiamos lo hicimos allí, en el edificio Costanera, (el más alto de Sudamérica). Pero para empezar a rodar, la casa de cambio de la plaza de Armas era más que suficiente, y mucho más convenientemente situada, pues está al lado de la catedral y otros lugares, y no tuvimos que ir específicamente a Las Condes que nos habría hecho prácticamente perder la mañana. En el momento de nuestro viaje el cambio oscilaba entre $660 y $680 pesos chilenos por €.

En la Plaza de Armas encontramos un montón de gente escuchando a humoristas, músicos y otros artistas callejeros. También muchos grupos de turistas con su guía, y por supuesto, mucha presencia de carabineros, aunque eso es una tónica general en toda la ciudad. Una estatua ecuestre del conquistador español Pedro de Valdivia mira de frente a la Catedral Metropolina  que también se encuentra en la plaza. También hay una estatua del Apóstol Santiago en uno de los laterales de la plaza.

Llama la atención el contraste de los modernos edificios de cristal y metal, y de una altura considerable frente al estilo neoclásico de la Catedral.  El edificio actual data del siglo XVIII, pero ya desde que Pedro de Valdivia fundara la ciudad empezaron a erigirse templos en esa ubicación. El interior alberga las tumbas de numerosos personajes políticos y religiosos de la ciudad.

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Interior de la Catedral Metropolitana de Santiago de Chile

Nuestra siguiente parada nos llevaba a un emblemático edificio en la historia de la ciudad y del país: el Palacio de La Moneda, la residencia oficial del presidente de la República de Chile.

Esta fue una de las primeras decepciones que nos dió la guía de Lonely Planet de Chile pues indicaba que se podía visitar de forma gratuita y sin necesidad de concertar un tour guiado, pero no era así ni muchísimo menos. No se puede ni siquiera andar por la acera de la cara norte del palacio, pues un carabinero en cada extremo de la calle te hace cruzar a la acera de enfrente. Cuando preguntamos sobre la posibilidad de visitar el recinto nos dijeron que había que reservar con antelación una visita guiada por internet. Primer punto negativo para la guía. (Y que conste que era superfan de las guías de Lonely, pero esta nos ha decepcionado a tope. Y eso sin tener en cuenta la traducción que también tiene su tela).

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Palacio de La Moneda. Cara Norte.

Al rededor del Palacio todo son obras y vallas, pues se está llevando a cabo una remodelación de la zona y era difícil circular para los peatones. Junto a la cara sur se encuentra la entrada al Centro Cultural La Moneda, una sala de exposiciones construida bajo tierra, y que tiene un carácter juvenil y participativo. Cuando fuimos había una exposición sobre instrumentos de música africanos, y motivos decorativos en los textiles, con talleres y hasta un vídeo juego para aprender a bailar danzas típicas africanas.

Tras dejar atrás el Palacio de La Moneda, nos perdimos un poco entre los laberintos de vallas y obras, y dimos un par de vueltas por la avenida O’Higgins, pero que nos llevó a ver cosas curiosas que hay por la zona, como una estatua Moai de La Isla de Pascua en mitad de la ciudad, o los curiosos puentes de cristal entre edificios a una altura de vértigo.

Continuamos por la avenida O’Higgins, pero en dirección contraria a la gigantesca bandera del Bicentenario, es decir, de regreso al barrio de Lastarria y por el camino paramos en la iglesia de San Francisco. Es una iglesia pequeña justo en el borde del barrio Paris-Londres, y en la que sobre todo nos llamó la atención el techo y las dedicatorias que los ciudadanos dejan a los Santos en forma de agradecimientos por favores concedidos. Estas dedicatorias van desde un papel escrito a mano y pegado con fixo, a placas de mármol grabadas o esculpidas. Una que nos llamó mucho la atención decía:

“GRACIAS SAN BUENAVENTURA POR MILAGRO

DE DEJAR EN LIBERTAD A J.Y.”

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Cuarto de palta

Otra cosa curiosa que vimos fue una prueba de como incluso las grandes empresas multinacionales de la globalización tienen que adaptarse a las particularidades de casa pais y de cada cultura, a pesar de que su acción homogeneizadora a veces ponga en peligro la variedad y el colorido en nuestra sociedad.

¿Habíais visto alguna vez una hamburguesa de esta cadena de comida rápida con AGUACATE (palta)??? ¡Nosotros no! Pero nos llamó mucho la atención. Por supuesto, no comimos allí, sobre todo cuando a los chilenos se les da tan bien hacer “sanguches“.

Finalmente caía la noche y era hora de regresar a casa a buscar a nuestros anfitriones que, tras una jornada de trabajo nos esperaban para salir a degustar unas ricas cervezas artesanales.

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Catchai!

No sabíamos que nos esperaba una sorpresa con sello andaluz, y es que un conocido del viejo mundo acababa de llegar a Chile y venia con nosotros a tomar algo. Cuando nos vimos todos juntos en el bar, no nos parecía que estuviésemos en Santiago si no en cualquier bareto de Granada! ¡Qué pequeño hemos hecho el mundo! :)

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Anochece en Avenida O’Higgins

Persa Bio Bio

Mochileando por Chile. Día 2: Quinta Normal y Persa Bio-Bio.

Nuestro segundo día en Chile fue también bastante tranquilo y de toma de contacto.

Por la mañana, sin prisas, tomamos el metro hasta el parque conocido como la Quinta Normal, considerado uno de los 30 parques públicos más bonitos del mundo. Tras un corto paseo viendo a los niños correr, las parejas remar o pedalear en la laguna y escuchando vociferar a los vendedores, decidimos entrar al museo de Historia Natural, de entrada gratuita por ser Domingo. No es un museo especialmente espectacular, pero sí que interesante para nosotros, completos desconocedores del país, que pudimos ponernos al día de la geografía, la fauna y flora, clima etc, del país.

A la salida del museo, nuestra idea era seguir paseando por el jardín para ver los jardines botánicos y el lugar donde tuvo lugar la exposición internacional de 1875, pero finalmente decidimos desplazarnos hasta el Persa (palabra que significa “mercado”) Bio-Bio, que sólo está abierto los fines de semana y es algo muy curioso de ver.

Se trata de un enorme mercado que ocupa tres calles de galpones industriales (almacenes) en los que se puede encontrar de TODO (literalmente) desde muebles nuevos y última tecnología, a discos antiguos descatalogados, material antiguo de fotografía, antigüedades, ropa, artículos de segunda mano, electrodomésticos, y todo tipo de cachureos (lo que nosotros llamaríamos “cachivaches”). Es el lugar perfecto para visitar si estás grabando una película histórica para encontrar cosas que seguramente son difíciles de encontrar en cualquier otro lugar. Si alguna vez nuestro sueño de montar un youth hostel triunfa seguro que iremos allí a comprar la decoración! :)

La comida allí también es buena. Hay restaurantes peruanos, mexicanos, de comida rápida típica chilena (lomitos, empanadas, etc) puestos de jugos naturales e incluso un tailandés, que fue donde comimos. No hay que esperar manteles lavados con lejía y planchados y un lujo de instalaciones pero sí comida buena a precios muy asequibles.

Y por fin cae la noche en Santiago, y es la hora de volver al centro a estrenarnos con las cervezas chilenas, de fuerte influencia alemana por lo que os podéis imaginar lo BUENÍSIMAS que están.

Esa noche fuimos a The Clinic  un bar que llevan los periodistas del crítico periódico chileno “The Clinic” y donde en absoluto se preocupan de ocultar sus inclinaciones políticas con nombres sugerentes en la carta y hasta tumbas de políticos en la pared del bar. De hecho la carta tiene el formato de un periódico, y entre los platos del bar hay noticias humorísticas con toque crítico totalmente inventadas, para divertir a los comensales.

Tienen una tienda con un montón de merchandising  y una ropa chulísima, pero con unos precios solo aptos para radicales con muchas “lucas” en el bolsillo.

Museo del Louvre. Paris

Una semana en París. Día 5. El Museo del Louvre. Paseo por Les Halles. Cena en Montmartre.

Nuestro penúltimo día en París había sido pronosticado por diferentes webs de meteorología como el más frío y con posibilidades de lluvia de toda la semana que íbamos a pasar allí. Sin embargo, no os quepa duda de que no dejamos de ver brillar el sol a través de los ventanales del museo del Louvre. Hizo sol toda la mañana hasta que salimos del museo y buscamos algo para comer en los jardines, que se nubló el día y  bajó la temperatura.

Como detalle comentar que mi compañero había pasado la noche con fiebre, y estaba con las energías mínimas, así que decidimos tomarnos el museo con toda la tranquilidad posible.

La entrada al Museo del Louvre cuesta 11€ por persona mayor de 18 años y esto incluye un servicio gratuito de guardarropa y consigna. Pero OJO. Por un lado tenéis que dejar los abrigos, y por otro las mochilas, a no ser que os quepa el abrigo dentro de la mochila, como hice yo, y así lo podéis dejar todo en un solo sitio. Otra cosa importante es que te preguntan si tienes dinero o algo de valor en la mochila, y si les dices que sí, te obligan a llevártelo todo. A mi me hicieron coger el pasaporte, dinero, cámara, monedero y el móvil no porque no llevaba, que si no también. Más o menos pude guardarlo todo en la ropa que llevaba puesta y llevar en la mano solamente la cámara.

Las fotografías están permitidas, pero en la mayoría de las salas el uso del flash está prohibido.

Ni se os ocurra empezar a andar por el museo sin haber cogido un mapa del punto de información en la planta baja. (Si haceis click en el enlace podéis descargarlo en .pdf) Dependiendo cómo estéis de fuerzas y/o de tiempo sería buena idea marcar en el mapa las cosas que queréis ver e ir directamente a por ellas, y pararos en lo que os llame la atención extra por el camino. Así evitareis vagabundear infinitamente por las decenas de habitaciones y perderos en la inmensidad temporal desde la antigüedad hasta siglo XIX.

Nosotros empezamos nuestro paseo por el patio de las estatuas y continuamos por la planta baja donde disfrutamos de antigüedades orientales, egipcias, etruscas y romanas. Hay mucho más que ver en esta planta, pero se quedó para una segunda visita. Las obras más destacables de estas salas podrían ser el código de Hammurabi, la estatua sentada de Ramses II, la Venus de Milo y mil otras cosas  más.

La Venus de Milo. Museo del Louvre. Planta Baja

La Venus de Milo. Museo del Louvre. Planta Baja

Continuamos la visita explorando las ruinas de los cimientos del antiguo castillo del Louvre. Una fortaleza de la que quedan las bases de alguna de las torres y parte del puente levadizo.

Del entresuelo no visitamos nada más, y nos dirigimos a la Primera Planta para seguir viendo antigüedades egipcias como el Escriba Sentado o griegas como La Victoria de Samotracia, y empezar con la pintura con la Mona Lisa, la Coronación del Emperador Napoleón, la Balsa de la Medusa entre otros miles.

Aunque parezca raro decirlo, la obra más tediosa de visitar es sin duda el retrato de la Gioconda, pues ante él se apiñan cientos de personas, moviles y ipads en alto, sin la intención de contemplarla en absoluto sino de hacerle una o dos fotos. Es increíble como te mira (y te empuja) la gente cuando finalmente te plantas delante del cuadro y te quedas allí mirándolo, sin hacer nada, sin levantar las manos con un dispositivo para hacerle la foto. Parece como que estás molestando, ¿no le vas a hacer foto? ¡pues quítate! Estuve apunto, de hecho de no hacerle foto, pero en el último momento decidí que sí. Una pena la verdad no puedes pararte a ver el cuadro porque tienes codos, brazos y aparatos clavandosete por todos lados, y en realidad lo que uno quiere es salir de allí cuanto antes. Supongo que otro día que no sea un viernes de semana santa, o a otras horas no habrá tanta gente y se podrá contemplar más tranquilamente.

Visitamos también la segunda planta pero no hicimos fotos pues la iluminación era bastante más tenue y no merecía la pena incumplir la norma de no utilizar el flash cuando realmente puedes encontrar esas imágenes en libros e internet. No iban a salir buenas fotos.

Una vez satisfechas nuestras ansias de arte a través de los siglos, recogimos nuestras cosas y salimos de nuevo al aire libre a aprovechar el poco sol que quedaba esa tarde.

Paseamos un rato por el Jardín del Carrusel y por las Tullerías, dando unas cuantas vueltas al rededor de las estatuas y los lagos con barcos de madera que los niños empujan con un palo.

Fuimos a comprar algo de comer e hicimos un “picnic” (pero sentados en las sillas verdes, pues el césped estaba en descanso). La gracia de la anécdota es que fue una de las pocas veces que intenté pedir algo en francés, y en vez de crêpes salados pedí….. ¡¡DOS ENSALADAS!! jajajaja La cara que se nos quedó cuando llegó el tío con las ensaladas. En fin… nos compramos también una especie de mini-quiché de verduras buenísimo para llevar, y al final comimos bien.

Sentados allí pronto nos dimos cuenta que aunque hacía sol, el día había sido muy frío, y se estaba poniendo cada vez más. Así que poco después de terminar nuestro almuerzo en el parque nos pusimos de nuevo en marcha para calentar los cuerpos.

El jardín del Palacio Real, hoy el Consejo de Estado, fue nuestra siguiente parada. Pasando por delante del Restaurante Le Grand Vefour, en funcionamiento desde 1784 y donde han comido personajes de todo tipo desde Napoleón a Victor Hugo.

Seguimos adentrándonos en el barrio de Les Halles y pronto llegamos a la Iglesia de San Eustaquio, de la cual nos costó ver la fachada debido a las grandes obras de reforma de los jardines que se están llevando acabo. La entrada es gratuita así que allí que fuimos para refugiarnos un ratito del frío. Richelieu y Moliere fueron bautizados aquí, Voltaire está enterrado en esta iglesia y Mozart la eligió como lugar de celebración del funeral de su madre.

Después de esta última visita era hora de tomar el RER en frente mismo de la iglesia de vuelta al hostel. Como era nuestra penúltima noche en París, decidimos darnos un homenaje de cena “romántica” si podíamos encontrar un lugar cercano en Montmartre. Tras una ducha y una rápida vista a la guía, decidimos probar suerte en dos de los sitios que sugerían de precio mediano. El primero estaba totalmente lleno para esa noche. Y en el segundo, que se llamaba “Le Cul de Poule”, nos dijeron lo mismo, aunque nos comentaron que podíamos cenar escaleras arriba, pero que iba a ser “diferente”. ¡¡Y tanto!! Nada más ver el lugar nos conquistó, ¡y allí que nos quedamos! Unos grandes cojines pegados contra una pared haciendo las veces de camas servían de sillas y mesas a la vez, y para subir la altura de los platos unas mesitas portables. ¡Genial!

A pesar de ser un restaurante de precio medio, la cena resultó carísima, pero por lo menos sabíamos a lo que íbamos. De hecho esperábamos que nos hubiera costado incluso más. Además la disfrutamos muchísimo y fue en compensación de todos los otros días en los que habíamos comido sandwichillo o pasta en el hostel.

Así de preciosa terminaba nuestra penúltima noche en París. El día siguiente sería el último, y lo dedicamos a paseos menos turísticos y más tranquilos.